Por Lontano. Columna de crítica de lugares de ambiente, escritas durante el período 2003-2004

5/08/2006

Venderle el Alma al Diablo

Por alguna razón, los jueves son más agotadores que otros días. No sé si es porque uno tiene 4 días de trabajo a cuestas, porque estás en la mitad de la semana, o porque todo el mundo espera con ansias el viernes y están todos acelerados. Bueno, el asunto fue que un amigo me pasó a buscar al trabajo y en su cara se leía: “quiero tomar algo”. Luego de un breve paso por el Prejuicio 0, nos fuimos a tomar algo a un lugar que la lleva. El Pasaje Orrego Luco (Av. Providencia, entre Pedro de Valdivia y Guardia Vieja, vereda sur) estaba atestado de gente, y con mucho, pero mucho que mirar. Y happy hour todo el rato. Bien.

Sin darme cuenta pasaron 3 rones, una cajetilla de cigarros entera, un par de horas, y ya conversábamos hasta por los codos. Y tanto mirar cosas lindas me bajaron los bajos instintos. Me dieron ganas de cochinear. Ya la plata se me había acabado pero quería seguir carreteando. La respuesta obvia, una disco gratis. Pensé en el singular hecho que casi todas las discos del ambiente son gratis al menos una vez a la semana. ¿Los jueves?. La más antigua disco gay aún en funcionamiento, el Fausto.

Ubicado en Av. Santa María, un poco más allá del Puente del Arzobispo (gay, obvio), pasando un Pronto Copec, esta disco que solía ser el lugar de encuentro de gays de plata, tiene una entrada muy escondida, pero no le resulta pasar piola por la cantidad a veces impresionante de autos estacionados al frente. El lugar tiene 2 pisos, 3 bares, 4 baños, 2 salas de estar y 2 pistas de baile de tamaño regular. Ha sido remodelado un par de veces, aunque yo sólo recuerdo cuando había sólo una escalera al 2º piso y sólo una pista de baile con espejos en tiras. Aunque la decoración tiene una mezcla entre rococó y onda disco, los espacios son lo suficientemente variados como para situarse en cualquier lado. Eso sí que algunos días (como el jueves), no está abierto el primer piso. Es importante mencionar que está abierto hasta los domingos.

Los precios son “normales”. Lo más caro que cuesta la entrada es $4000, el guardarropía $300, y los tragos van desde $1000 la lata de cerveza, hasta $2500 los tragos más caros (regulares en calidad). Cuando está abierto abajo funciona la cocina, donde por lo menos hay papas fritas. Y un dato importante. Durante el mes que estás de cumpleaños, muestras el carnet y tienes entrada gratis. Excelente idea.

Además, hay eventos especiales. Aparte del show que funciona ininterrumpidamente con la anfitriona Maureen Junot y con la coanimación de la gordita Katiushka, los jueves hay concursos. El año pasado estuvieron los famosos “Doggis” (elección del pene más grande), y luego el “Garganta Profunda” (quién era capaz de subirse al escenario y meterse todo el miembro ganador del Doggis en la boca). Un poco chocante, pero por la cantidad de gente que se reúne, se confirma que todos podemos ser vouyeristas. Los invito a descubrir el concurso de este jueves. Los domingos hay cuarto oscuro en el bar de arriba, aunque hay que tener cuidado por donde pisas (te puedes tropezar). Además, los primeros domingos de cada mes, funciona el Bar del Oso (si quieres ver tiernos gorditos peludos), y a veces se hacen Fiestas de Espuma.

Lo mejor
Tal vez sea algo mental, pero el Fausto tiene una ventaja histórica. Es el lugar gay por excelencia (todo el mundo sabe de su existencia, hasta los heteros). Es el lugar a donde todos han ido alguna vez, donde siempre te encuentras con alguien conocido y en donde posiblemente hayas pasado buenos momentos. Aunque no es mi lugar favorito, he perdido la cuenta de las veces que he ido, y también de la gente que he conocido ahí. Algunos grandes “amores”. Y siempre llega gente nueva. Pollitos en general. Además, y por qué no reconocerlo, es el lugar en donde siempre podrás tener algo. Una conversa, un agarrón, un “te paso mi teléfono”, un llevarte a alguien al parque o a tu casa, o hasta sexo en el cuarto oscuro. A la hora del remate, hay que estar muy curado, estar deprimido, o simplemente no querer, para no sacar algo.

Lo malo
El show es muy largo y a veces es demasiado grosero. Mucho “pico” y “pasiva” en forma despectiva. Y la música es muy popera. El baño de “mujeres” es un asco. Pobre de la mina que sienta ganas o si alguien necesita “la larga”. No hay papel, ni privacidad. En el fondo, el lugar es como frío. Y la otra cosa es que la mayoría de los barman son un poco pesados y seriotes. Y para qué decir el de la entrada. En especial son bastante pesados con las minas. Pobres amigas nuestras. Sólo el de gorrito y el dueño son agradables.

Conclusión
Si te bajan los instintos y quieres venderle el alma al Diablo, tal como Fausto lo hizo, es el mejor lugar para ir. Seguro que algo habrá, al menos para conversar. Es un lugar de historia, tal vez todos hemos pasado por ahí, como un ritual al salir del closet. Una vez tuve una amena conversa con el dueño y me contaba que a la dictadura le convenía más tenernos en un solo local que repartidos en todos lados (macabro comentario). Y aunque ya no haya dictadura, seguimos juntándonos ahí. Es extraño. Un placer culpable. Tal como venderle el alma al Diablo.