Por Lontano. Columna de crítica de lugares de ambiente, escritas durante el período 2003-2004

5/08/2006

Comer, Beber, Amar

Hace un tiempo salí a comer un director de teatro al que yo creía heterosexual. Aunque me parecía raro tanta efusividad, no me preocupé en pensar, pues al final no era asunto mío. Y resulta que fuimos a un local, lleno de gente, con mesas muy cercanas unas a las otras. Entonces, en un momento de la conversación, por algo que dije, me preguntó: “¿eres gay?”. A mí me pareció tan transparente la pregunta, que respondí: “”. Al seguir conversando como si nada, miré de reojo a mi vecina de mesa que estaba con los ojos bien abiertos y haciéndole una mueca a su parlanchina amiga. No me inmuté pues nuestra conversación versaba de otros temas. Pero luego, algo dijo él, que me animó a preguntarle: “Y tú, ¿eres gay?”, a lo que él francamente respondió: “”. Me sonreí, y seguimos hablando más animadamente. Pero cuando miré a la mesa de al lado, ya ambas tenían los ojos bien abiertos y una estaba casi atragantada con la comida. Nuestra conversación continuó normalmente, pero luego nuestras vecinas se quedaron en silencio, y empezó a parecerme que teníamos espectadoras.

Y entonces me pregunté: ¿no habrá algún lugar donde comer y hablar tranquilos sin que nadie se meta?. La respuesta es sí. Incluso hay uno que lleva bastantes años, uno del que todos hemos oído hablar o hemos ido alguna vez. Es el restaurante Capricho Español.

Ubicado en el Barrio Bellavista, en Purísima 65 (casi al llegar a la calle Bellavista) este restaurante de comida española, ha creado una fiel clientela en base a buena comida, buen servicio y un muy agradable ambiente. Tiene un recién remozado frontis, con una fuente a la entrada y varios espacios donde uno puede estar. Además, hay un patio exterior en donde sentarse en el verano. Es un restaurante que podríamos denominar como elegante, con mesas con buena decoración y una ambientación adecuada al tipo de comida que entrega la carta. Inclusive, la música de Gipsy Kings o similares le da el toque a todo este escenario.
La comida es excelente, así como el servicio, y no es de extrañar que los platos no sean precisamente baratos. La carta presenta carnes (filete en varias modalidades, solomillo, etc.) y pescados entre $5000 y $6000, ensaladas a $3500, postres a $1000, Tapas a $ 3500 (Bocadillo Sevillano y Calamares, etc.), Paellas para dos personas a $10.000, Sopas Calientes y Frías a $2000 (ojo con el Gaspacho Andaluz), o las Tortillas a $2000 (aunque la marinera es más cara). Los tragos están al mismo precio que otros lados (bebidas a $1500 o el Pisco Sour a $1700). Hay que recalcar que los platos son muy buenos (y harto, como dice una amiga). Y puedes pagar del modo que tú quieras (tarjetas de crédito, Redcompra, etc.)

El lugar no ha cambiado desde la primera vez que fui, por allá por el 97, cuando los teléfonos en las mesas si funcionaban para llamar a aquel chico que estaba en la mesa de la esquina (en vez de tener que acercarte a su mesa llena de gente). Ahora, los números en las paredes son el testigo de aquella costumbre que nunca funcionó demasiado. Tal vez no está ese buenmozo europeo que atendía las mesas, o ese chiquito pintoso, pero en lo que servicio se trata, sigue siendo muy bueno.

Lo mejor
Lo mejor es la comida (buen punto para un restaurante, pero que no siempre pasa) y bueno el servicio. Los meseros son muy atentos, y siempre están preocupados que no te falte nada. Y hay algunos muy pintosos también (el de pañuelito en la cabeza y pelo largo). Otra cosa buena son los baños. Es uno de los pocos baños cómodos, que tiene papel higiénico, jabón, toallas de papel para secarse las manos, un basurero accesible y hasta una maquina de condones, ¡qué mejor!. Inclusive cuando compres condones estarás ayudando a la corpo. Y eso significa que los dueños se preocupan por sus comensales. Genial.

Lo malo
De malo no hay mucho. Puede ser que algunas mesas sean un tanto incómodas, como estar muy a la pasada, o las que dan directo a la puerta de entrada (por el aire, me refiero). También no me queda claro si el pisco sour es natural o en botella. Pero eso ya son detalles.

Conclusión
El Capricho Español es un lugar ideal para salir a comer rico, especialmente para los que no estamos tan familiarizados con la comida española en general. Es un lugar serio, hasta donde puedes llevar a tus padres o amigos. O a tu pareja si quieres darle una sorpresa o una cena romántica de celebración. Incluso, es bueno el detalle de poner en las cartas una cita de “Invocando al Laurel” de Federico García Lorca. Si desean reservar, pueden hacerlo al 777-7674, o al e-mail: capricho@netline.cl. Pero es importante que allí, comiendo y bebiendo un rico vino, se sentirán cómodos de hablar lo que sea, sin que la mesa de al lado esté extrañada, y aunque el que dirán no nos debiera importar, la comodidad de amar es lo principal.